jueves, marzo 13, 2008

La cúpula y la cripta (VI).

Revelaciones ante el fuego cian

Nací en un día de primavera, el mismo día en que se celebra (en determinadas regiones del mundo y desde hace varias centurias), al símbolo de la Cristiandad.

Este hecho tendría poca (o nula) relevancia, de no ser por el significado auténtico de tal símbolo: una conjunción eterna y armónica entre lo sideral y lo terreno, lo finito y lo infinito, lo real y lo aparente, lo sagrado y lo profano...

En lo general, puedo asegurar que mi vida se rige por tal principio, como por el hecho de estar en el mundo, y a menudo, no formar parte de él.

Precisamente, La Cúpula y la Cripta es una transfiguración de dicha idea. La Cúpula es una alegoría de las emociones eufóricas, de los orgasmos, de la algarabía efímera que proporcionan los momentos compartidos, los fuegos de pirotecnia, los plenilunios y el estío.

La Cripta, por su parte, es el complemento "oscuro". En un sitio del ser en donde habitan las emociones mórbidas, la angustia, la melancolía, la soledad que pesa, el letargo del Tiempo terrenal.

Tampoco es casualidad que ambos términos se refieran a construcciones arquitectónicas producidas por el Ser Humano (pero por ahora no deseo ahondar en tal aspecto).

Por el contrario, me place compartir a continuación los momentos privilegiados que conforman la Cúpula.

Pocos se ubican en el pasado, sólo uno en el presente y el resto corresponden a los anhelos del futuro. Ninguno representa un hecho fuera de nuestra realidad, (si confiamos en que "todo futuro es posible").

1. Despertar con mi gato a un costado y escuchar su ronroneo.

2. Escribir un relato sobre La Mujer Sin Sonrisa y obsequiárselo.

3. Pasar la noche charlando hasta el amanecer, tomando ajenjo con los Amigos de Vida.

4. Asistir a un concierto de Morrissey bien abrazado de alguien que realmente importe y que me guste bastante.

5. Hacer el amor y tener un orgasmo mientras practico respiración compartida.

6. Quedarme dormido, bien abrazado, mientras veo una buena película de fantasía (no necesariamente The Lord of the Rings o The Last Unicorn) con alguien que de verdad entienda la trama sin necesidad de explicaciones.

7. Asistir a una celebración que incluya fuegos de pirotecnia, donde una multitud beba mucha cerveza y se comporte de modo fraternal, sin gritos, ni cohetes ni ruidos impertinentes.

8. Organizar una gran fiesta (encarnado en "el señor Dalloway") e interpretar Gypsy Lament de Inkubus Sukkubus, dedicándosela a alguien que esté presente.

9. Presenciar una Aurora Boreal en compañía de alguien que tenga un gran espíritu.

10. Llamar a Biógrafa Chú poco antes de morir, y recordar con ella esa impresionante luna llena con aros luminosos alrededor que observamos juntos la noche de su boda, cuando teníamos 27 años.

miércoles, marzo 05, 2008

La cúpula y la cripta (V).

Algarabía Distante

En días como éste, cuando una súbita tormenta eléctrica me sorprende a mitad de camino en una plazoleta, y luego abre paso al último viento del invierno —aquel que no azota ni sobrecoge—, me detengo a reflexionar sobre los instantes furtivos de esta existencia. Y como la lluvia, miles de ideas abruman mis pensamientos.

En principio, pienso en los personajes fugaces de los relatos. Es decir, en quienes aparecen una o dos veces dentro de un cuento, una novela, una leyenda, una secuencia fílmica... Incluso en nuestra vida cotidiana.

Pienso y observo a mi alrededor: al sujeto que hace apenas unos minutos me pidió la hora, a la anciana que corre despavorida para refugiarse de la lluvia, a la pareja de estudiantes que con miradas atónitas se percatan que no me inmuto ante el temporal y que no pienso guarecerme bajo techo alguno...

Por el contrario, la lluvia se intensifica y me estremece un poco.

En momentos como éste no importan los problemas que agobien al mundo, por ínfimos o extremos que resulten. Hasta los hechos noticiosos (que se distinguen por presentar cifras de muertos, más que de vivos, y narrar tácticas guerra, más que propuestas de conciliación), parecieran carecer de completa relevancia.

Allí están, por ejemplo, los titulares internacionales sobre el revuelo europeo por el reconocimiento (o desconocimiento) de la Independencia de Kosovo, las diversas posturas sobre de los incidentes fronterizos entre Colombia y Ecuador, y el ya común balbuceo soporífero e impertinente de Hugo Chávez en Venezuela…

Por un instante (sólo un instante), pareciese que nada de eso importa.

Aquí, en un punto cualquiera del Hemisferio Norte... Un ser humano cualquiera, impávido ante la tormenta, se convierte en cualquier personaje incidental de un relato ajeno.

El mundo se ha vuelto un sitio tan caótico y distante, que abruma ponerse a pensar en él y cargar a cuestas con su mediocre realidad.

En días como éste, reflexiono al respecto.
Y en momentos como éste, no puedo evitar el hecho de pensar en Dios.


[No en el Dios lastimero y penitente de los judeocristianos, sino en la idea única de Dios que cada cual se reserva para sus adentros]. En mi caso, describiéndolo un poco, pienso en el Dios que me transmite un poco de su Libertad cuando atravieso el campo y el bosque, mientras un viento frío y veloz silba y azota las montañas.

Es también así, como tomo conciencia de la fugacidad emotiva de cada instante.

Por tanto, (por ahora), la vida se limita a ser una sucesión de emociones fugaces vividas por personajes incidentales.

Cuando uno intenta descartar todo aquello que es ocioso, perjudicial y nocivo de su realidad en el año 2008, corre el riesgo de prescindir hasta de sí mismo. Lo que aspira, entonces, es encontrar el valor legítimo de las emociones, tomando conciencia de la fugacidad efímera que las caracteriza.

No debe existir en el mundo mejor lugar para guarecerse que la intemperie de una tormenta eléctrica. Y no debe existir tampoco, mejor momento para morir y dejar de escribir que aquel en que se comparte el mundo propio.

He ahí el sentido de la vida, sobre todo, la de los personajes fugaces que ante la falta de una narración propia encontraron su mundo en la Libertad de la Interpretación.

Y ante la Libertad Suprema, sólo existe una palabra:

Algarabía.

miércoles, febrero 20, 2008

La cúpula y la cripta (IV).

El sendero hacia la cúspide
(La euforia del mundo)

El cielo nocturno. Millones de posibilidades, de vidas inimaginables, de lágrimas y penas, de enigmas y de viajes sin retorno... Millones de secretos se ocultan en el Universo, ante los sentidos y el intelecto limitado de los humanos, detrás de capas de materia oscura que aparentemente mantiene unidos a los cuerpos celestes.


En noches como la de hoy, recuerdo que siempre he estado atento de lo que sucede en el firmamento. Un magnífico eclipse total de Luna está ocurriendo en este momento, y la fase penumbral está a pocos minutos de revelar una de las imágenes más simbólicas de mi vida: la luna llena roja.

Cuando el fenómeno acontezca, durante breves instantes, el brillo de los cuerpos celestes se intensificará, y entonces, simularán ser bengalas portadas por espíritus eternos, como rezan las viejas leyendas de las tribus en el Ártico.

Me gusta imaginar que eso sucede.

Flamas incandescentes flotando en el cielo, a millones de años luz, encendidas por seres de tiempos antiguos para iluminar su peregrinaje hacia la eternidad.

Bien,
¿Qué sucedería, si por un momento, invirtiéramos los acontecimientos de tal ficción?

Si fuésemos nosotros quienes flotáramos lejos de la superficie terrestre, a una distancia pertinente para identificar los puntos de luz de las comunidades (como sucede con los viajes aeronáuticos nocturnos), y además, pudiésemos divisar la luz de aquellos seres quienes portan las emociones que anhelamos compartir, dispersos por el mundo, y desean ser encontrados?

Entonces la realidad sería distinta
(muy parecida a la ficción).

Pero no es así.
El mundo es un sitio mórbido y oscuro, donde las flamas de las emociones legítimas apenas arden unos cuantos segundos, y se extinguen con premura.

¿Qué nos queda, entonces?
Emprender el viaje, recorrer el sendero hacia la cúspide más alta de nuestra realidad, encender una fogata y avivarla con el viento del Norte.

Y en el camino, encender bengalas...

Hasta que alguien más se percate, una de estas noches.


lunes, febrero 11, 2008

La cúpula y la cripta (III).

El anhelo del futuro

Aquella noche de invierno, poco antes de la Luna de la Nieve, se había prolongado mucho, como si el Tiempo hubiese desafiado sus propias leyes y hubiese decidido tomar un descanso, que para esa época, tenía bien merecido. Fue entonces, en plena madrugada, cuando desperté. (Es sólo un decir, pues en realidad no había dormido).

Era difícil dormir en esos días. Conciliar el sueño podía tomar la eternidad entera, y para entonces, la noción de eternidad se había vuelto más preciada:

Valía más que los buenos momentos itifálicos,
y que los fuegos pirótécnicos en las noches de algarabía.
Valía más que los fuegos fatuos del otoño,
y que el breve paso de las estrellas fugaces en el firmamento...
Incluso valía más que los segundos eyaculatorios de un orgasmo.

Justamente, divagando sobre la eternidad, salí a caminar.
En las calles, la lluvia del invierno, que es fría y acogedora a la vez, enardecía su fuerza.

Vi mi semblante difuminado en los adoquines de las calles, y percibiendo el olor de la tierra húmeda, pensé:

En cuán vigente podía ser el Futuro, fuera de esa casa y de esa ciudad, a miles de kilómetros de distancia, en algún paraje donde el concreto y el acero no aturdieran los sentidos, y donde "la Vida Ausente" se volviera tangible por primera vez.

Un sitio apartado de todo el mundo previamente conocido, que se encontraba en agonía.

Un lugar donde no hubiera razón para evadirse de la realidad, porque es bien sabido que cuando los Tiempos son mórbidos y aciagos, ciertas personas "nos ausentamos". Nos refugiamos en las canciones, en los videos musicales, en las películas, en los libros, en todas quellas realidades efímeras que resulten menos decadentes que la nuestra.

Y evadiéndonos, nos transportamos: vivimos en todas aquellas frases, imágenes y experiencias que jamás creamos, pero que cierto día, nos trajeron de vuelta, por unos cuantos minutos, el verdadero sentido de la vida.

Aquella noche se prolongó tanto que nunca dio paso al amanecer.

miércoles, enero 23, 2008

La cúpula y la cripta (II).

Anhedonia

Anhedonia.- (Del prefijo negativo an- y el griego ἡδονή hedoné, placer), es la incapacidad para disfrutar de circunstancias y emociones agradables y sentir placer.

Algunas personas que padecen anhedonia son incapaces de experimentar placer y disfrute en ninguna circunstancia, mientras, en otros casos, el problema se reduce a aspectos concretos, como el apetito por la comida, las relaciones sexuales, las relaciones sociales o las actividades de ocio, situaciones que antes les resultaban placenteras. La ausencia completa o casi completa de sentimientos placenteros es una situación anormal y de gravedad.

martes, enero 22, 2008

La cúpula y la cripta (I).

Prefacio.
El reloj de arena


Los grandes relatos de nuestro Tiempo suelen suceder en urbes descomunales, entre toneladas de plomo, cristal y concreto, bajo la presencia indómita de un reloj.

O quizás no.
Quizás sucedan en cualquier lugar del mundo.

Sin embargo, es un hecho irrefutable que el eterno y omnipresente avance del tiempo, indicado a menudo con dígitos, manecillas, juegos de luz y de sombras, entre otros artilugios, suele colocarse de manera estratégica a la vista de todo el público. Incluso yo, que nací en una ciudad de la vasta provincia mexicana, recuerdo haber pasado de largo un sinnúmero de ocasiones bajo un reloj, que pendía de una casona colonial situada en la calle principal.

Se trataba del mismo reloj que cayó la víspera del Año Nuevo, derribado por fuertes ráfagas de viento boreal, cuando cumplí 27 años...

27 años.

Tuve 27 años y el tiempo se detuvo, como en un espasmo.

Fuese por mito popular o por "cliché generacional premeditado", el número "27" constituyó un reto personal muy difícil de sobrellevar y superar. Yo, que había sido un niño "distinto" -yo, que nunca había sido niño-; yo, adolescente "anormal" durante los turbulentos años Noventa, y en general, yo, que había sido un ser humano atípico, (en la época en que ser atípico constituía una norma y no una excepción), ahora me veía obligado a confrontar mi realidad con el hecho de tener 27 años.

Y en mi realidad, el tiempo se había detenido.

Ciertamente, el primer lustro del siglo XXI no fue del todo malo, pero fue muy cruel: súbitamente, todas las emociones se habían esfumado. Y las pocas vivencias que le otorgaban validez al hecho de vivir y respirar, se ubicaban al norte del Trópico de Cáncer. Cuánto extrañé, por esos días, el placer de emocionarme con personas y situaciones que habían valido tan poco (y en algunos aspectos, como el sexo, que no habían valido nada), pero que al menos me habían otorgado el gusto falaz de una carcajada.

Así es como cumplí 27 años.

Y justamente esa noche, la del viento boreal (cuando el tiempo se detuvo), una agonía inaudita me trastornó. Todo cuanto había leído, todo cuanto había conocido, visto y escuchado, todo cuanto había sentido y percibido, giraba en un vértigo de náusea y desolación. Sólo dos frases surcaban mis pensamientos, una de Oscar Wilde, y la otra, de Justin Bond, y aunque aparentemente no existía conexión alguna entre ambas, lo cierto es que en la vida nada sucede por error o serendipia:

"Sometimes we can go years without live at all,
and suddenly our whole life is concentrated in a single moment."

"I used to wanna change the world.
Now I just wanna leave the dark room with a little dignity."

Fue así, sumergido entre miles de ideas abstractas e imágenes fractales, como afronté la horrible sensación de lidiar con el "Tiempo Inerte y Estático" y descubrí algo:

Era un asunto de morir y renacer...
Y huir.

A una tierra muy lejana, y a la vez, muy familiar. Donde la vida resultara menos agónica y donde cupiese la posibilidad de ser feliz.
(O donde simplemente, existiese).

Esos eran los instantes en que el Tiempo se agotaba, como si de un Reloj de Arena se tratase, y como si la propia vida -o el espíritu- exigiese darle vuelta al bulbo, para comenzar de nuevo.

Esa noche debió ser la más larga del universo.

jueves, enero 10, 2008

Reminiscence.

A story about Life & Absence.

"Hey, I ain't never coming home
Hey, I'll just wander my own road
Hey, I can't meet you here tomorrow
Say goodbye don't follow
Misery so hollow.

Hey you, you're livin'
Life full throttle
Hey you, pass me down that
Bottle, yeah
Hey you, you can't shake
Me round nowI get so lost and don't
Know how
And it hurts to care,
I'm going down..."
Alice In Chains, Don't follow.

Yesterday went to my mom’s and played old songs from some long ago. That was a fucking creepy experience, you know what I mean. Hearing raspy voices, guitars, and all those pure acoustic sounds that defined my teen years, like Chris Cornell’s “Steel rain”, Mark Lanegan’s “Pendulum”, Layne Staley’s “Don’t follow” and probably one of the greatest personal hymns, Grant Lee Phillip’s “Fuzzy”.

Made me chill right to the bone.

Through the years it’s so weird feeling those sinking emotions that still get me down…

And it’s really sad.
(You have not a fucking idea).

Nowadays, all my longings r’ coming down every sunset, and I think is not fair.

Is not fair feeling so horribly lonely here,
Just missing you.

And you know, I feel guilty for all the moments that we lived together and cannot get out of my mind. Despite not having many points in common, like your ideas about faith and God —or the inexistence of both—, the commercial pop music you used to listen and dance and the need to adopt a queer pose, I still miss you so much,

‘Cause you were able to look inside, and embraced me, when I needed the most.
Even I loved to feel your body into my spirit, as never before.

Since those days, it’s been hard to letting you go, being so unusual as I am. And I’m not talking about sexuality, but the way people round here categorize any little aspect of their ordinary “black, grey and white” lives.

Damn! I know! miss the idea of you,
But is the only real emotion I’ve ever have.

For years, I’ve tried to find “a right person”, in so many ways… Tryin’ to share any song, any ludic writing, any film, any ficticious-tender moment of sex… Looking for someone real everywhere, in any little aspect of my life: on city streets, in the middle of the forest, the taste of wine, the smell of coffee, the concerts, the lyrics of Morrissey and Indie bands, the lines of David Leavitt and JT Leroy, the films of Ang Lee and John Cameron Mitchel…

And is so sad not finding anyone,
Just to getting lost.
(Lonesome).

It is sad to realise that Time is going fast, and I’m getting old.

If you ever read my lines, just tell me,

Is there a kit purring by your side, when you wake up?

“I’m fuzzy now”.

sábado, enero 05, 2008

2008: La Ruptura/El viraje.

“La melancolía no siempre es dramática,
también puede ser irónica.”
Jean Baudrillard

Reservé los primeros días del año para escribir este post, y luego de haber realizado una recapitulación y un respaldo de todo cuanto escribí en 2007, me percaté que por fin, no cuento con textos ni temas pendientes: es como si tras terminar el año que recién hemos dejado atrás, hubiese concluido un ciclo.

Todo cuanto deseé incluir alguna vez en este blog, ha sido publicado.

Por tanto, considero que todas las facetas que me conforman, han quedado expuestas.

2008 se presenta como un año de acciones y decisiones, más que de buenos propósitos. (Por esta razón, ni siquiera pensé en una "lista de deseos por cumplir", durante el cabo de año). Este año es una especie de "Epifanía Creativa y Vivencial" para el calendario personal, y por tanto, muchos de los textos que habrán de publicarse en los meses venideros, obedecerán más a las circunstancias de los acontecimientos, que a la pericia narrativa y a la planeación argumental.
La balanza se ha inclinado en un sentido,
la brújula determina el rumbo a tomar,
El reloj marca la hora indicada...
La suerte está echada:
2008 será un año bastante intenso.

Y de nuevo, escribir será como entrar en un profundo trance.

Será una gran sesión espiritista.

Que trastoque a los sentidos,
trastorne al espíritu,
someta a los viejos demonios,
libere a un ser de luz...

Y lo acerque para compartirla.

lunes, diciembre 31, 2007

La víspera: Heaven and Alchemy.

"I'm in love
With the idea of you
In rush reality
Hard to face this deception
This human frailty."
Siouxsie, Heaven and Alchemy.

El año agoniza, y en cierta forma, yo también.

Me gustaría escribir frases sencillas, llenas de satisfacción y optimismo, pero la verdad es que estos días han sido tan difíciles de sobrellevar y tan llenos de pesadumbre, que sólo puedo escribir frases reales "para el mundo real".

Hace exactamente un año escribí la reseña personal de 2006, que terminaba perfilando a 2007 como una gran ventana. Y en efecto, eso fue: una ventana que estalló, quebrando los cristales traslúcidos de mis malas vivencias hasta convertirlos en añicos, salpicando de sangre el interior, que casi estaba vacío.

La verdad es que, haciendo una recapitulación sobre lo que han sido mis 20's -y en el ocaso de los mismos-, no logro hallar una sola satisfacción duradera, a pesar de haber alcanzado, en varios momentos, varias metas profesionales, laborales, académicas, económicas y sociales. Es algo que resulta injusto, lo sé, pues muchas de esas metas fueron difíciles de alcanzar, sin embargo, ahora ni siquiera me importan; es como si todo de reduciese a sentirme terriblemente mal por no haber compartido mis objetivos con nadie, es decir, con esa clase de persona (o personas) con quienes despiertas diariamente y están ahí, a tu lado, o sobre quienes posas la cabeza hasta quedarte dormido tras un día ajetreado en el trabajo, durante algún período de tu vida.

En ese sentido, debo admitir, estos días envidio las emociones que transmiten ciertas líneas de Michael Ende. Sobre todos mis escritores dilectos, incluso aquellos lúdicos, ingeniosos y perversos como J. T. LeRoy, Patricia Highsmith y Henry Miller, anhelo como nunca antes experimentar vívidamente lo que narran las novelas sencillas, como La Historia Interminable:

"Bastián saltó al agua cristalina, se sumergió en ella, resopló, salpicó y dejó que una lluvia de gotas centelleantes le corriera por la boca. Bebió y bebió hasta calmar su sed. Y la alegría lo llenó de la cabeza a los pies, alegría de vivir y alegría de ser él mismo. Porque ahora sabía otra vez quién era y de dónde era.

Había nacido de nuevo.

Y lo mejor era que quería ser precisamente quien era. Si hubiera tenido que elegir una posibilidad entre todas, no hubiera elegido ninguna otra. Porque ahora sabía: en el mundo hay miles y miles de formas de alegría, pero en el fondo todas son una sola: la alegría de poder amar."

Necesito una vida en la cual pueda reírme hasta el cansancio, pero también abrazar. Y besar. Y tener sexo hasta el hastío...

Pero también queriendo,
Por lo que soy.

¿Existe esa vida?

Precisamente, hace algunos días conversaba con Alternatique (uno de mis grandes "aportes de vida" de 2007), sobre cómo la vida se nos escapa y se convierte en viejas fotografías, en postales de otros países, en mails de personas ausentes y en posts de blogs distantes...
En emociones ajenas, a fin de cuentas.

Estos días resultan difíciles de sobrellevar porque todo consiste en ansiar, en anhelar situaciones y personas hipotéticas que están fuera de mi alcance, y una vez más, el otoño terminó. He comenzado a sentir un hartazgo y una apatía generalizada por las circunstancias, los efectos, los detalles y sus consecuencias, es decir, por todo: por la vida misma, por todo aquello que pueda precederla y (sea lo que sea) por aquello que la suceda.

Es algo muy triste, que no conforme, se deja sentir con una molesta opresión sobre el pecho, que martiriza y percute al espíritu.

Pese a todo esto, y con un lánguido atisbo de esperanza, esta noche voy a tener presentes a todas aquellas personas quienes de un modo u otro dieron un poco de sentido a 2007: La mujer sin sonrisa, Samaritana en un lienzo, Biógrafa Chú, Actriz Pandakar, el admirador de Wilde, Alternatique y el Arcano Perdido.

Y sobre todo, voy a pensar en cuánto extraño a uno de mis más grandes amigos de vida: R. el Alquimista, con quien compartí, sin duda, los días más memorables, en la cabaña.

Él tiene razón: durante los últimos siete años hemos dedicado mucho tiempo a recordar vivencias previas, siendo que, con toda seguridad, las mejores se encontraban en esos precisos instantes.

Durante los últimos minutos del día voy a escuchar una canción de este año, a manera de epílogo, testimonio y reivindicación, de una voz y una musa que es bastante representativa para el anecdotario personal: Siouxsie Sioux.

"Heaven and Alchemy
I would catch a star
If you asked me to
But I can't seem to find one
To hold on to...

Heaven and Alchemy..."

lunes, diciembre 17, 2007

Crónica de un encuentro.

"La vida es un espectáculo sucio y triste".
E. M. Forster.

Atardecer en la Capital, millones de personas caminando por las calles, inmersos en el vaivén de la vida cotidiana, donde los "datos duros" (es decir, noticias sobre tiroteos en la vía pública, cuerpos decapitados encontrados en contenedores de basura y fetos deshechos envueltos en andrajos), amenizan los titulares del periódico vespertino... La vida cotidiana sigue su curso, la vida de todos y de nadie.

Tras salir de la estación, caminé un par de cuadras y entré al restaurante de comida rápida china, en la zona hotelera, que para mí constituye ya una tradición.

Una vez adentro, inmerso en las acciones propias de cualquier comensal, todo habría sucedido de manera rutinaria de no haber sido porque ocurrió uno de esos hechos inesperados que llegan a influir en decisiones importantes.

Todos los asientos del establecimiento estaban ocupados, excepto uno: el que se emplazaba frente a mí.

Entonces un sujeto se acercó y preguntó si podía sentarse, ante lo cual asentí.

Una vez teniéndolo de frente, observé con discreción su silueta, su porte, su semblante: cada rasgo suyo tenía la marca de la experiencia, y cada gesto irradiaba una sensación de seguridad. También me observó, por supuesto, y transcurridos varios minutos, rompió el silencio que imperaba en nuestra mesa.

—¿Eres de aquí? —Preguntó, con un acento inusual, entrecortado.
—No. Contesté. Estaré sólo unos días.

La intriga sobre su acento y sus facciones me llevó a cuestionar su origen, ante lo cual, respondió,
—Soy de un país pequeño de Europa, cercano a Grecia.

Su forma adusta -y un tanto ingenua- de responder, removió aún más mi curiosidad:

—¿De dónde? ¿Macedonia? ¿Montenegro? ¿Serbia? —Le interrogué—.
—De Albania.

—¡Claro, Albania! —Repuse, como si hubiese resuelto un puzzle.

Él esbozó una sonrisa espontánea y a partir de ese momento entablamos una conversación relajada, que se prolongó por más de dos horas. Dos horas en que M. (su nombre real es un dato que no deseo compartir), relató buena parte de su vida, como su travesía de Albania a España, donde aprendió la lengua, su anhelo por conocer América y la serie de peripecias hasta llegar a México, los arrestos que padecieron varios integrantes de su familia cuando él era pequeño, la incipiente democracia de su país y la inestabilidad de los Balcanes... En fin, una serie de temas con múltiples aristas.

M. llevaba consigo una valija, y según dijo, tenía poco tiempo de radicar en este país, "pero aquí había encontrado lo que buscaba: un sitio en dónde comenzar de cero".

Por un instante, anhelé ser M., pero también reflexioné sobre mi realidad, y la causa que me llevó a la Capital.

Imaginé cómo sería mi vida allí, ante una oportunidad factible. Me vi en una oficina minimalista, dentro de un edificio enorme. Sentado detrás de una mesa editorial, con vestimenta formal, entrevistando a empresarios y políticos... Con quienes nada tengo en común y ante quienes tendría que fingir de nueva cuenta una actitud ecuánime y entusiasta. Me vi llevando —otra vez— ese "estilo de vida" que a muchas personas a mi alrededor haría felices, pero que a mí no me importa, en absoluto.

En ese momento deseé tener una vida como la de M., con la libertad, una valija y la voluntad para dejar todo atrás y comenzar de cero, a muchos kilómetros de distancia...

Y sin más, nos despedimos.

Sobrevino un silencio solemne y dijimos adiós. Nos deseamos buena suerte, nos dimos un par de abrazos sinceros y estreché su mano con firmeza, como queriendo prolongar la energía benéfica del encuentro.

Quién sabe, quizás su valija tenía espacio para cargar con el recuerdo de esa charla, o quizás no. (En cualquier caso, no es asunto mío).

Ya estando en la banqueta, afuera del restaurante de comida rápida china, caminamos hacia direcciones opuestas.

Yo no volví la vista hacia atrás.


Temí ver cómo se alejaba,
y extrañarlo.